Cuando tenemos una relación profunda y personal con el Señor Jesús, nuestros tiempos difíciles no son los mismos que para la gente que no la tiene.

Queremos que las cosas siempre vayan bien, pero esos tiempos de desafío y tristeza no se quedan sin su lado bueno, ya que nos ocurren cosas durante esos tiempos que son tan preciosas como diamantes, porque es entonces cuando tenemos la oportunidad de experimentar la presencia del Señor de una manera más profunda. Si abrazamos el momento, veremos al Señor en él.

La palabra de Dios para hoy

El primer invierno después de que mi familia y yo nos habíamos trasladado a Tennessee desde el soleado sur de California, nos vimos envueltos en una tormenta de nieve, y más tarde me dijeron que esa fue la peor tormenta que habían visto en Tennessee desde hacía cien años. La temperatura estaba bastante por debajo de cero y todo estaba cubierto de hielo. Cada rama de los árboles, cada casa, cada palmo de tierra incluyendo nuestra carretera y todas las calles adyacentes. ¡Todo! Era como el paisaje centelleante de un cuento de hadas. Parecía Liberia.

El peso del hielo en los árboles hacía que grandes ramas se desprendieran y cayeran sobre los cables de la luz, cortando la electricidad en toda la ciudad. Nos quedamos sin luz, sin calefacción y sin teléfono. No podíamos ir a ningún lugar, así que hicimos un fuego en la chimenea, nos juntamos alrededor de él y esperamos a que la luz y el teléfono volvieran a funcionar. Eso no sucedió ese día, ni al siguiente, ni al siguiente, y con ese frío la chimenea no aportaba el calor suficiente para poder apartarnos unos metros de ella sin casi congelarnos.

La primera noche me hice una sopa caliente en un gran tazón que estaba justo encima del fuego y oré:”Señor, ayúdanos. ¡Necesitamos saber que estás aquí! “


Inmediatamente sentí que en vez de desesperarme por la mísera situación, abracé la experiencia y descubrí la bondad de Dios.


Cuando lo hice, el resultado me sorprendió, y le di gracias a Dios porque nos había mantenido juntos como familia.

Caminar paso a paso con Dios requiere abrazar el momento por el que todo merece la pena. Cuando estés tentado a tener miedo, a sentirte frustrado, a tener inseguridad o pánico por lo que está ocurriendo en tu vida, detente y ve que Dios está ahí.

Es increíble que cuando abrimos nuestros ojos al cuadro completo, encontramos diferentes perspectivas. La Biblia dice: “Abre tus ojos y te saciarás de pan” (Proverbios 20:13).

Cuando le abrazamos a Él, vemos las bendiciones que están justo delante de nosotros. Podemos estar contentos ahí donde estamos sin importar en qué estado nos encontremos (literal o figurativamente) porque Él está ahí. (ver Filipenses 4:11).

A pesar de la situación en la que estés en este momento, Dios tiene abundancia de bendiciones para ti. Justo ahí donde estás, Dios está obrando poderosamente en tu vida. Él quiere que cierres tus ojos, que clames a Él y le digas: ”Señor, muéstrame tu mano en mi vida”, porque Él quiere que sientas su presencia, que confíes en que siempre que tengas miedo puedes dirigirte a El y encontrar su paz. Cuando estés débil, encontrarás fuerza; cuando estés vacío su llenura; cuando estés triste su gozo, y cuando estés en medio de una fuerte tormenta, su cobijo y provisión. Pero con demasiada frecuencia quedamos cegados por nuestras circunstancias, temerosos de lo que está ocurriendo, desanimados fácilmente, caminando hacia la amargura o prestos a quejarnos, y nuestro primer instinto no es buscar a Dios en medio de nuestras circunstancias.

Cuando tenemos una relación profunda y personal con el Señor Jesús, nuestros tiempos difíciles no son los mismos que para la gente que no la tiene. Para los incrédulos, sus tiempos oscuros y problemáticos no tienen esperanza, e incluso para los creyentes que no comprenden todo lo que Dios tiene para ellos, sus experiencias difíciles, están llenas de temor y duda en vez de estar llenos de la presencia de Dios que los sostiene.

Cuando tú das el primer paso para abrazar a Dios en tus circunstancias, Ël vendrá corriendo para abrazarte. No importa lo que esté pasando en tu vida, abraza el momento. En vez de enojarte cuando las cosas van mal o cuando algo no sale de la manera que habías planeado, busca a Dios en la situación y verás que Él no te ha abandonado. Entenderás que tú no vas a sufrir toda la vida.

Si Dios conoce tus pensamientos (Salmo 94:11), tu corazón (l Samuel 16:7), cuando te levantas y cuando te sientas (Salmo 139:2), y cuántos cabellos tienes en tu cabeza (Mateo 10:30), entonces Él sabe donde te encuentras en cada momento. Él ve tus circunstancias, y tan solo porque tú no puedas ver más adelante no significa que Él no pueda, Él puede y de hecho lo hace. Él sabe dónde has estado, hacia dónde te has dirigido y dónde se supone que deberías ir, y Él sabe cómo llevarte allí.

Si tienes la luz para el momento en el que estás ahora mismo, es suficiente; tiene que ser suficiente, porque lo tienes a Él, y Él es todo lo que necesitas.

Oración de Luz.
Señor, tú eres todo para mí. Gracias porque puedo caminar a cada momento contigo y no tengo que descubrir la vida por mí mismo, y cuando llego a un tiempo oscuro, puedo poner mi mano en la tuya y depender de ti a la vez que caminamos juntos y atravesamos ese momento. Sé que “los rectos morarán en tu presencia” (Salmo 140:13), y es ahí donde quiero vivir., porque en tu presencia encontraré sanidad, liberación, amor, paz, gozo, esperanza. Señor, ayúdame a abrazar los momentos de mi vida que son difíciles de abrazar, capacita mis ojos para verte en ellos, y ayúdame a reconocer siempre la abundancia de tu bondad hacia mí.

Levanto hacia ti las luchas más profundas de mi vida, confiando en que tú abrirás mis ojos para ver todo lo que tienes para mí en ellas. Revélame complemente todo. Gracias que puedo ser lleno del gozo de tu presencia en cada paso que doy, porque tú me has dado la luz que necesito para cualquiera que sea el paso en el que estoy. (adaptado del libro: Suficiente luz para el próximo paso por Stormie Omartian).

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