“Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó…”
Hech. 24:22

Pablo tuvo la oportunidad de presentarse ante Félix, el gobernador de Cesarea y de compartirle el mensaje del evangelio; pero Félix era un postergador crónico. La primera muestra de su negligencia (v. 22) la vemos cuando impide a Pablo concluir el mensaje con el pretexto de esperar al tribuno Lisias, al que por cierto no necesitaba para seguir escuchando a Pablo.

Algunos días después, junto con su esposa, mandó llamar de nuevo a Pablo para oírle hablar sobre la fe en Jesucristo. Pero en cuanto Pablo tocó el tema de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se asustó y de nuevo postergó la ocasión para seguir escuchando el mensaje del evangelio (v. 25). Además de negligente, Félix pretendía que Pablo le diera dinero para que le soltase, por lo cual MUCHAS VECES LO HACÍA VENIR y hablaba con él. Félix no se decidía, siempre decía “Después”. Probablemente pensaba primero en la posición de poder que tenía.

Se mantuvo postergando su decisión durante dos años hasta que fue desplazado por otro gobernante (v. 27)
La negligencia deja muchos daños: nervios, estrés, conflictos, pérdida de tiempo, etc. Muchos tenemos la tendencia a postergar las cosas hasta que perdemos la bendición. Por negligentes podemos detener el progreso de la iglesia local. Por negligentes, podemos ser piedra de tropiezo a otros.

La negligencia crea sentimientos de culpa al postergar lo que debemos hacer.
Luego nos preguntamos: 
¿Por qué el Señor no nos usa? ¿Por qué se tardan las bendiciones? Porque fuimos postergando decisiones y órdenes.

Cómo combatir la negligencia:
RECONOCER que tenemos problemas con ella.
IDENTIFICAR en qué aspectos de nuestra vida existe la tendencia a ser negligentes.
ACEPTAR los sentimientos que acompañan a la negligencia.
APLICAR todo al terreno espiritual: orar, confesar, pedir libertad, entregar ese problema al Señor y arreglarlo.
RECORDAR nuestra posición en Cristo reafirmando lo que Cristo dice ser en mí y viviendo por la fe de quiénes somos.

¡En Cristo estamos completos, echemos a un lado la negligencia!
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