“No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre…”, 1ª Tim. 5:1

1- Cuidarás tu presentación día a día. Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Que más fiesta que la vida! El baño diario, el peinado, la ropa, todo atractivo, oliendo a limpio, a buen gusto. El buen gusto es gratuito, no cuesta nada. Que al verte se alegren tu espejo y los ojos de los demás.
2- No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. “El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece”.
3- Amarás el ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasia, una caminata razonable, regar las rosas, contestar el teléfono, haz cualquier movimiento que te despegue de la cama y del sillón. “Contra pereza, diligencia”.
4- Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado, la cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas: “¡Qué recto el señor! ¡Qué guapa la señora!” Recuerda: las canas… ¡se tiñen! Y las arrugas… ¡se disimulan con una amplia sonrisa! Pero el arrastrar de pies… ¡eso sí es signo de vejez!
5- No hablarás de tu edad ni te quejarás de tus achaques, reales o imaginarios… acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás.
6- Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo, buena cara. Sé positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, alegre de rostro, amable en los ademanes. No seas un viejo amargado. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años, sino de un estado de ánimo.
7- Tratarás de ser útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada del árbol de la vida. Bástate a ti mismo hasta donde sea posible. Y ayuda… ayuda con una sonrisa, un consejo, un servicio. “Sólo cuando se abre la nuez, aparece la almendra”.
8- Trabajarás con tus manos y con tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Haz algo, lo que sea y lo que puedas. La bendición del trabajo es medicina para todos los males y si ya estás jubilado ocúpate en servir.
9- Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego, las que se anudan en el hogar, integrándote a todos los miembros de tu familia. Convive, pero sin inmiscuirte en los problemas de los demás, a menos que expresamente te pidan un consejo.
10- No pensarás que “todo tiempo pasado fue mejor”. Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo tu momento. No digas: “allá en mi tiempo… recuerdo que antes”; no vivas de recuerdos, mira hacia el futuro con alegría. Ponte nuevas metas, haz planes, sueña. Positivo siempre, negativo jamás. Toda persona debiera ser como la Luna: destinada a dar luz… y como el Sol: siempre dando calor.

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