“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mateo 6:33

Si les pregunto: ¿Cuáles son sus necesidades? Muchos harían una gran lista, mientras otros tal vez sólo una lista pequeña. Seguramente a ninguno le preocupa la lista de sus necesidades, SINO qué puede hacer para que éstas sean suplidas. Lo malo está en tratar de llenar nuestras necesidades sin la ayuda de Dios, ignorando Su tiempo, Su plan y Su manera de hacer las cosas. Por lo tanto, NO se trata de la cantidad de necesidades, SINO de qué vamos a hacer para que esas necesidades sean satisfechas. En Mateo 6:25 en adelante el Señor trata con el tema de la ansiedad. Tres veces el Señor nos da la misma orden; v. 25, “no os afanéis”, v. 31, “no os afanéis” y v. 34, “no os afanéis”. Es claro entonces que el Señor no quiere que estemos preocupados, afanados ni inquietos por nuestras necesidades, porque esto es inútil y vano.
Él nos da algunas ilustraciones tomadas de la naturaleza:
1- “Mirad las aves del cielo” (v. 26). Las aves no trabajan, ni están preocupadas o afanadas pensando de dónde van a obtener el alimento, pero Él las alimenta y nos dice: “¿no valéis vosotros mucho más que ellas?”
2- Nada podemos hacer en cuanto a la duración de nuestra vida o la altura de nuestro cuerpo (v. 27). Podemos hacer algo en cuanto a la anchura, pero en cuanto a la altura o duración de nuestra vida, nada podemos hacer, así que para qué nos afanamos.
3- Ni aún Salomón (v. 28) con todas sus riquezas se vistió como uno de los lirios del campo, porque Dios es el que los viste. Y lo mismo hace con la hierba del campo. Así que, por qué nos preocupamos tanto por la ropa que necesitamos.
El Señor nos dice que estas cosas en la naturaleza viven y existen, tienen todo lo que necesitan y no están afanadas ni preocupadas por el alimento o el vestido. Las aves no dejan de volar porque no tengan alimento; las flores no abren sus pétalos antes de tiempo preocupadas por la falta de lluvia. Así también, Dios conoce todo lo que tiene que ver con cada uno de nosotros; Él conoce todas las cosas, no hay nada que escape a su conocimiento. Por eso, no debemos estar preocupados ni inquietos por ellas, porque al hacer esto expresamos duda e incredulidad y nos concentramos en las circunstancias y en los problemas, en lugar de expresar fe y confianza en el poder, en la gracia y en el amor de Dios
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