“Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes”, Cant. 2:15

Las zorras pequeñas son muy comunes en Palestina. Estas zorras son muy aficionadas a las uvas; cavan hoyos en los jardines y desarraigan las viñas. Si no se les vigila estrictamente pueden destruir viñedos enteros. Las zorras representan cualquier cosa que puede dañar, a hurtadillas y con astucia, nuestras vidas. La mayoría de nosotros da mucha importancia al tamaño de las cosas; en el mundo se enfatiza la condición física, una casa grande, autos grandes, grandes ciudades, grandes negocios, dinero a lo grande. Las pequeñas necesidades, las pequeñas consideraciones, no cuentan. En algunas ciudades ocurren ciclones que arrasan con las cosechas causando grandes pérdidas; sin embargo, las plagas de langostas ocasionan más daño que los ciclones. LAS COSAS PEQUEÑAS SIGNIFICAN MUCHO. Más gente se pierde por las pequeñas cosas que hacemos los cristianos, que por los grandes pecados que cometemos. En Palestina, la belleza y productividad de una viña se veía reducida por la invasión de zorras pequeñas. Las pequeñas cosas pueden acabar con nuestra vida. Debemos cazar esas pequeñas zorras, PERO tomando en cuenta lo siguiente:
1- No pasemos por alto las cosas pequeñas: generalmente las tratamos como si no importaran. Esto no significa que debemos ser quisquillosos con todo. Significa que las pequeñas molestias de la vida pueden estorbarnos para gozar de cosas más grandes.
2- Las cosas pequeñas tienen la capacidad de crecer: si dejamos que crezcan, sin hacer nada al respecto, pueden causar grandes daños.
El Sermón del Monte: Jesús cazó las zorras pequeñas en Mateo, capítulos 5 a 7; la gente a la que Jesús hablaba estaba preocupada por las zorras grandes. Eran estrictos respecto al asesinato, pero al Señor le preocupaban más la ira y el odio que llevaban al hombre al asesinato. A esta gente les molestaba el adulterio; al Señor, la manera en que la gente miraba a los del sexo opuesto, las miradas lujuriosas y el codiciar el cuerpo ajeno. Ellos estaban enojados con los ladrones, mientras que a Él le preocupaba más la codicia del hombre por las posesiones del otro, pensando que la vida vale por la abundancia de bienes.

¡Atrapemos los pequeños pecados que nos roban la paz interior!
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