“Así dijo Jehová: no se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”, Jer. 9:23 y 24.



Te has preguntado alguna vez, ¿Cuánto conozco verdaderamente a Dios?
Generalmente todos queremos alcanzar nuestras metas, hacer tal o cual cosa, pero lo primero en nuestra vida debe ser conocer a Dios profundamente. Cuando conocemos a Dios podemos desarrollar nuestros dones y talentos positivamente.

Si lo que hacemos no proviene de Él, entonces no tiene sentido. Recordemos que nuestra vida va más allá de todo lo natural que hacemos; todo lo que hagamos tiene implicación también en el mundo espiritual. Por tanto, nuestras vidas deben estar más apegadas a lo espiritual que a lo terrenal.

Nuestra prioridad debe estar en tener y disfrutar de la presencia de Dios constantemente. Nuestro éxito o fracaso dependen de la fuente de nuestra motivación. La importancia de una persona se determina por la causa para la que esa persona vive y el precio que está dispuesta a pagar. Aquello para lo que dispones tu corazón determinará en qué y para qué vamos a emplear nuestras vidas. Una bolsita de té no sirve para nada hasta que no haya sido pasada por el agua caliente. Debemos ser moldeados por Dios, para que Él quite las asperezas que nos estorban.

En Lucas 19 encontramos aspectos importantes sobre nuestra relación con Dios:

1- Versículo 5: cuando Jesús iba pasando por la ciudad vio hacia arriba y miró a un hombre y lo llamó por su nombre. Esto nos enseña que, cuando conocemos a alguien lo suficiente, sabemos todo de esa persona. Así desea Dios que le conozcamos.
2- Versículos 7 – 10: el Señor conocía lo que había en el corazón de Zaqueo. Nuestra vida depende de lo que está dentro de nuestro corazón, y Dios debe ser nuestra prioridad.
3- Versículo 8: la visita de Jesús produjo un cambio en la vida de Zaqueo. Mientras más conocemos a Dios, más cambios van a llevarse a cabo en nosotros. No podemos seguir siendo los mismos. Por eso Él está tan interesado en que lo conozcamos más y más, para que sus verdades divinas sean formadas en nuestro espíritu y produzcan cambios.

¿Nos gustaría que los demás nos dijeran: “Yo quiero ser como tú”?

Para lograrlo, debemos conocer cada día más a Dios. El precio es muy alto, pero el galardón es INCALCULABLE (mayor que el precio). Para lograrlo debemos tener una vida de oración y dejar que Dios tenga el primer lugar en nuestra vida; que sea Él lo que más nos apasiona y estimula.

Ora a Dios y establece una comunicación mejor con EL.

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