“…y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, Fil. 2:8

• Para nuestro Señor Jesucristo no fue tan sencillo ser obediente porque tuvo que despojarse de toda la gloria y poder de su divinidad y tomar forma de siervo. Jesús anduvo por este mundo humildemente por el camino de la obediencia, hasta la muerte. Mostró absoluta obediencia aun en medio del sufrimiento, sin la más leve sombra de resentimiento o rebelión.
• Haya también en nosotros ese sentir que hubo en Cristo. Lleguemos a la obediencia, sometámonos unos a otros.
Jesucristo aprendió la obediencia por lo que padeció, pasando por muchos sufrimientos. Cuando llegan los sufrimientos, muchos murmuran angustiados; pero cuando nuestro Señor pasó por toda clase de sufrimientos, mostró siempre el espíritu de obediencia.
La autoridad de la iglesia (1ª Cor. 12:12 – 21):
• La manifestación más completa de la autoridad de Dios está en el cuerpo de Cristo, que es su iglesia. Las demás instituciones (gobierno, familia, patrones) pueden aparentar subordinación sin que haya sumisión del corazón. Por tanto, la sumisión absoluta y perfecta no puede hallarse en ellas.
• Sólo la relación entre Cristo y la iglesia pueden expresar a la autoridad y a la obediencia.
• Los demás pueden emplear mal la autoridad. Por eso, Dios desea establecer una autoridad y una obediencia perfectas en Cristo y su iglesia. Es la intención de Dios que le rindamos completa obediencia.
• Necesitamos también reconocer en otros la autoridad y aceptar las funciones de los demás. Si aceptamos la autoridad debida es como si aceptamos la autoridad de Dios.
• El Señor nos llama pues a aprender obediencia en todas las áreas de nuestra vida.

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