Para algunos, ser constantes resulta muy difícil. No cabe duda de que son más los creyentes que se han desmoronado espiritualmente, o han dejado de crecer en la vida cristiana, por no ser constantes en la vida devocional diaria, que por cualquier otro motivo. Como hemos visto anteriormente, resulta absolutamente imprescindible sumergirnos en la Palabra diariamente a fin de mantenernos frescos y llenos del Espíritu Santo. Lamentablemente sólo un pequeño porcentaje del pueblo de Dios tiene en cuenta este hecho. La autodisciplina es el secreto en lo que respecta al éxito. Podemos señalar los campeones en el campo del deporte: el secreto de su éxito está en la disciplina. A la mayoría de nosotros nos resultaría imposible llegar a ser famosos deportistas, porque allí no reside nuestro talento, pero TODOS podemos llegar a ser creyentes efectivos. En el reino espiritual no hay favoritos – no es que algunos tienen talentos y otros no – CADA UNO decidirá si se disciplinará en su vida espiritual. TODOS PUEDEN TENER ÉXITO EN LA VIDA CRISTIANA. ¿Y cómo se logra este éxito? Con sólo disciplinarse de modo que decida llevar a la práctica en su vida el tiempo devocional diario, y que ponga en práctica los principios divinos que aprende. Esto no depende de Dios, depende de cada uno. Dios quiere que TODO creyente tenga una vida cristiana plena, pero somos nosotros los que nos ponemos frenos, barreras e impedimentos para avanzar y llegar al “éxito” como cristianos. Mientras no resolvamos que nuestro desarrollo espiritual vale los 15 minutos diarios de estudio de la Palabra de Dios seguiremos siendo creyentes mediocres. Tengamos presente que el potencial está a nuestro alcance porque es don de Dios; resta que nosotros decidamos qué vamos a hacer con dicho potencial. Durante la vida de nuestro Señor Jesucristo diversas clases de personas mostraron interés en Él. La Biblia dice que “muchos creyeron en él”, pero no tenemos más noticias de ellos. Otros “le siguieron”, pero cuando vinieron las persecuciones y la adversidad se volvieron a sus casas. Otros dijeron que querían ser sus discípulos, pero Él les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Luc. 9:23). Jesús tuvo sólo doce discípulos y 120 más que, como ellos, le seguían. Las palabras “discípulo” y “disciplina” son tan parecidas. No se puede ser lo primero si no se tiene lo segundo. La madurez y el crecimiento espiritual tienen su precio. El precio consiste en el tiempo que lleva aprender los principios divinos que se encuentran en la Palabra de Dios y en el sometimiento de nuestra vida a ellos. Pero las recompensas y los resultados bien valen el sacrificio que esto requiere.
