“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”, Mat. 7:7

Un día Moisés pastoreaba las ovejas de su suegro Jetro cuando de repente oye una voz que lo llama; la voz salía de una zarza que ardía y no se consumía. Jehová habló con Moisés desde la zarza y le dijo (Éx. 3:7): “he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he oído su clamor”. ¿Qué movió a Dios a la tierra? ¡El clamor de su pueblo!

Jeremías 33:3 dice: “clama a mí y yo te responderé”. Clamar es la condición para ver o tener; es necesario el clamor para que Dios se mueva. Hay gente que dice: si Dios me ama tanto, que me dé todo lo que necesito. Para obtener la victoria hay que CLAMAR, porque ¡en el clamor está la victoria! Veamos tres ejemplos sobre la importancia de clamar:
1- Bartimeo (Mar. 10:46 – 52): era mendigo, estaba ciego; Bartimeo había escuchado hablar de Jesús y los milagros que hacía. Quizás meditaba en lo que había escuchado y anhelaba encontrarse con ese hombre. Se oye de repente un griterío y un movimiento de gente y Bartimeo pregunta qué sucede y le dicen que venía el Nazareno, y EMPEZÓ A CLAMAR A GRAN VOZ. La gente que necesita de Dios CLAMA, grita, gime, pide, lo busca. Los demás lo mandaron a callar, pero él gritaba más y más y logró detener al Señor. El resto es historia. El Señor le preguntó qué quería que hiciera por él y Bartimeo pidió recobrar la vista… ¡y fue hecho!
2- Pedro (Mat. 14:22 – 31): Pedro estaba sentado en la barca cuando de pronto ve al Señor dirigirse hacia ellos, caminando sobre el mar. Pedro le pide al Señor que le permita ir hacia Él y caminando también sobre el agua y el Señor le dice: “Ven”. Cuando Pedro desvió la mirada debido al fuerte viento que se desató, fracasó y comenzó a hundirse. Jesús lo deja y cuando parecía que se hundía, Pedro clamó a gran voz: “Señor, sálvame que perezco”. Dios no se mueve por casualidad ni capricho, sino cuando la gente le busca. Muchos tienen el agua hasta el cuello, llenos de problemas, pero no buscan a Dios. cuando Pedro clamó, Jesús extendió su mano para ayudarlo. Necesitamos CLAMAR para obtener ayuda.
3- La mujer sirofenicia (Mat. 15:21 – 28): ella era una mujer pagana, adoradora de diversos dioses; tenía una gran necesidad: su hija era atormentada por un demonio. Quizás ella también había oído hablar de Jesús. Ella no tenía derecho o acceso a las bendiciones, pero aun así ella CLAMABA y ROGABA. Su clamor y su fe movieron al Señor de tal manera que Dios sanó a su hija. ¡En el clamor está la Victoria!

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?, Luc. 18:7

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