“Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo”. Jueces 8:4
¿Donde encontrar refugio cuando las fuerzas se han acabado?
¿Cómo “recargar las pilas” cuando ya no quedan energías en el cuerpo ni en la mente?
Palabras como estrés, crispación, angustia, enfermedades sicosomáticas, colapso nervioso, agotamiento extremo y otras de este estilo, forman parte de nuestro vocabulario moderno.
La gente recurre a pastillas para poder dormir y a pastillas para despertarse; a estimulantes para permanecer alerta y a técnicas para bajar la ansiedad; y a cualquier otro medio a fin de poder continuar en el vértigo de una vida que corre sin freno hacia ninguna parte.
El Señor Jesús al describir nuestros tiempos con mirada profética, anticipó que habría “en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;  desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra”. Lucas 21:25,26
A esta altura del año, yo mismo estoy MUY cansado.
Al estrés natural de la tarea docente se suma la inocultable inquietud, nerviosismo y alteración de mis alumnos; triste producto de una sociedad cada vez mas falta de rumbo. Y eso sin contar con las múltiples cargas del hogar, los problemas de salud de familiares, las pruebas y conflictos con que me enfrento a diario por el solo y gratuito hecho de vivir en este mundo de pecado. Y la lista podría ser más larga…
Se que mis cargas no son superiores a las de la mayoría. No obstante, son las mías, las que me toca cargar, y ante lo que hoy me abruma, me pregunto como seguir -aunque la respuesta ya la conozco-.
El único lugar en que podré encontrar energías para continuar es en la Fuente de Poder disponible en nuestro maravilloso Dios: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Isaías 40:28-31
¡Qué grandiosas son sus promesas!
¡Qué alivio podemos encontrar en ellas!
¡Nuevas energías, fuerzas renovadas, nuevas motivaciones! Alabado sea su Nombre.
A todos los que se encuentran agobiados por las cargas de la vida, el Señor ofrece: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28,29
El reposo ofrecido por nuestro Salvador, no consiste en tomar licencia o vacaciones, ni en “escaparse” de los problemas por un tiempo, ni en apartarse de las obligaciones; sino en llevar su yugo.
¿Descansar trabajando? Para algunos es mala noticia. Pero justamente, la manera de encontrar descanso para nuestras almas es refugiarse en Cristo, aprender de su caracter manso y humilde y trabajar arduamente por la salvación de otros.
La paz que se obtiene a su lado nos permitirá seguir luchando como los hombres de Gedeón que luego de luchar exitosamente contra un ejército muy superior a sus fuerzas, prosiguieron “cansados, mas todavía persiguiendo”. Jueces 8:4
Este texto me dio siempre mucho ánimo en momentos de dificultad. Los trescientos guerreros de Gedeón comprendieron que la victoria se les escaparía si abandonaban la lucha después de su victoria inicial y siguieron adelante a pesar del cansancio. No debemos permitir que el cansancio nos impida conseguir el triunfo total que el Señor quiere darnos si solamente podemos continuar un tanto más.
Y no hablo de luchar por lo material, sino por lo que realmente tiene valor. En la justa de la vida el secreto no es aflojar el paso sino saber hacia donde se va.
Debemos detenernos a meditar en nuestros caminos, debemos hacer cambios en nuestra agitada rutina, pero por sobre todo, necesitamos con urgencia ir a los pies de Jesús.
Podemos hacer de su poder nuestro auxilio, de su paciencia nuestra salvaguardia y recibir dominio propio, fortaleza, gozo, paz y entereza ante la adversidad.
Contra la Roca de los Siglos se han estrellado todas las fuerzas del mal sin sacarle ni siquiera un granito ¿Por qué entonces insistir en luchar sin su ayuda? ¿Para qué pelear con nuestras pobres energías si tenemos tal poder a nuestra disposición?
Él nos dice:
“¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo”. Isaías 27:5
Libérate hoy del cansancio tomando su yugo.
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