“El Poder de la Alabanza” | Reflexiones Cristianas

lunes, 5 de diciembre de 2011

“El Poder de la Alabanza”

“… dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, Ef. 5:20


 

Dios nos ha llamado a darle las gracias en todas las cosas: la alabanza y la confianza son la respuesta apropiada para toda situación difícil. Cuando hagamos esto y alabemos a Dios y le demos gracias por aquella situación que causa dolor, amargura o desesperación, nos asombraremos de lo que puede suceder.

Parecería imposible que esta fórmula al obedecerla produjera milagros, pero el acto de alabanza produce dos cosas simultáneamente: ablanda el corazón y mueve la maquinaria divina a nuestro favor.

La alabanza es una expresión de confianza hablada; la alabanza edifica la confianza, y mientras uno confía más en Él, más fácil es alabarlo. Con la confianza viene también la paciencia: si no oímos al Señor claramente antes de tomar una decisión, debemos esperar hasta oírlo. No debemos decirle lo que Él debe hacer.

La ansiedad que vivimos en nuestros días se debe a la incredulidad. Debemos pedir perdón por ello. Algunas veces el Señor, para fortalecer e incrementar nuestra fe, se abstiene de ofrecer la dirección inmediata.

La adoración debe ser un preludio al cielo. Dios no espera que nosotros tengamos el anhelo de ir a alguna parte a pasar la eternidad, en la cual no seamos eternamente felices. Él ha planificado la eternidad de tal modo que esté llena de tanto gozo que nuestro cuerpo actual no podría resistir el estar en Su presencia.

La adoración en su forma más pura nos lleva hasta la presencia de Dios de un modo en que nuestro mismo semblante cambia. Es entonces cuando brillamos con cierto resplandor de tal manera que el incrédulo puede notarlo.

El gozo vence las estructuras humanas y nos hace caer postrados a sus pies. Ese es un gozo que permanece en la vida diaria como consecuencia de la alabanza. Recordemos el ejemplo de Pablo y Silas (Hech. 16:22 – 31) que aun en la prisión cantaban y alababan a Dios. Tiempo después, el mismo Pablo escribió “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!” (Fil. 4:4).

¿Cómo podían ellos regocijarse? ¿Cómo podían cantar adentro de una celda oscura? La razón era que tenían el gozo de Cristo. Cuando Jesús se enfrentó a la cruz y la convirtió en una victoria, Él proveyó la misma victoria para nuestros problemas, sin importar cuán grandes sean.

Su gozo nos da el poder para enfrentarnos cada día con expectación y NO con temor. Las situaciones que una vez fueron desesperantes, ahora son oportunidades para que Dios manifieste su poder. La fuerza encerrada dentro del gozo (Neh. 8:10) es suficiente para proveer todo lo que necesitamos más de un millón de veces. ¡Hay poder en la alabanza!