Llamados a la Restauración, Parte 1 | Reflexiones Cristianas

miércoles, 11 de abril de 2012

Llamados a la Restauración, Parte 1

“… a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempos antiguos”, Hech. 3:21


 

¿Te has preguntado por qué el mundo está en crisis? ¿Por qué las cosas parecen ir de mal en peor? Nuestra vida, nuestras familias, las iglesias, la comunidad en la que vivimos y el mundo entero necesitan una restauración; la misma fue anunciada por profetas y apóstoles, a fin de “presentar a Jesucristo una novia pura y sin mancha”, que no se rinda a la voluntad de nadie que no sea su Esposo. Se refiere a una iglesia en Victoria y Poder.

La restauración debe iniciar en cada uno de nosotros, para después continuar a la familia, proyectarse a la iglesia, para finalmente afectar o impactar a la nación. Si tenemos personas restauradas, también tendremos familias restauradas; familias restauradas formarán una iglesia restaurada, y una iglesia restaurada dará una comunidad y una nación que reconocerá a Dios.

Esta obra de restauración no puede hacerse por el sólo hecho de desearlo, sino que es un deseo del corazón de Dios; solamente Él lo puede hacer, pero requiere de cada uno de los que hemos entendido sus propósitos y tenemos en claro cuál es nuestra misión en esta vida. En el libro de Nehemías 1:1 – 11, leemos que éste entendió perfectamente la necesidad de restauración que tenía su pueblo y por eso afligió su corazón delante de Dios.

Una de las principales cosas que Dios desea restaurar es Su PRESENCIA en la iglesia y en la vida de cada creyente. En la antigüedad, el Arca del Pacto, que era el tabernáculo de reunión de Dios con su pueblo, estaba en el lugar santísimo del tabernáculo de Moisés. Dios había prometido habitar ahí en medio de su pueblo (Éx. 25:8 y 9); la presencia de Dios en el Arca iba siempre por delante en todas sus jornadas para guiar a los israelitas.

Después de una larga trayectoria en el desierto, el Arca descansó en Betel, en el tiempo de los jueces (Jue. 20:26 y 27). Más tarde aparece en Silo, en tiempos del sumo sacerdote Elí (1ª Sam. 1:3, 3:3). Los mismos israelitas creían que el Arca tenía poderes mágicos, ya que durante la guerra con los filisteos se la llevaron a la batalla, pensando que así asegurarían la victoria. Como consecuencia de ese error, perdieron la batalla y los filisteos capturaron el Arca (1ª Sam. 4:3 y 11).

Los filisteos tuvieron el Arca durante siete meses, hasta que la devolvieron a Israel porque Dios los estaba hiriendo con plagas (1ª Sam. 5:7 y 12). Se llevó el Arca a Quiriat–jearim, a casa de Abinadab y ahí se quedó por 20 años, durante el reinado del rey Saúl (1ª Sam. 7:1 y 2).

Continuará…