Llamados a la Restauración, Parte 2 | Reflexiones Cristianas

sábado, 14 de abril de 2012

Llamados a la Restauración, Parte 2

“… a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempos antiguos”, Hech. 3:21


 

Cuando David fue declarado rey de todo Israel decidió traer el Arca de nuevo a Jerusalén (1ª Crónicas 13); pero, cuando traían el Arca, Uza pereció en el camino por no hacerlo conforme a las ordenanzas de Dios (1ª Cró. 13:9 – 11). David había pensado llevar el Arca a su propia casa, pero ese día temió a Dios y no lo hizo así, sino que llevó el Arca a la casa de Obed-edom, y ahí estuvo por tres meses (v. 12 – 14).

Después de esto, David oyó que la casa de Obed-edom estaba siendo bendecida por la presencia de Jehová y decidió traerla a la ciudad de David; pero esta vez, David escudriñó para saber cuál era la ordenanza para transportar el Arca y lo hizo de esa manera. David amaba y deseaba tanto la presencia de Dios en su casa que no tuvo ya más temor a morir por poseerla.

De la misma manera, cada uno de nosotros debemos desear restaurar la presencia de Dios en nuestras vidas, familias, iglesias y nación. La manera de hacerlo: la CRUZ. En la cruz, Jesucristo pagó un precio muy alto para darnos acceso directo al trono de la gracia de Dios. Ahí, podemos disfrutar de la gloriosa presencia de Dios y con ella además, tener el poder para vencer, conquistar y reinar. Restaurando la presencia de Dios en nosotros vamos a ver Su gloria en gran manera. Debemos restaurar esa presencia a nuestra propia “tienda”, 1ª Cró. 16:1.

Por más de 500 años la gloria de Dios moró en el Tabernáculo de Moisés; después de la muerte de David, por otros 500 años, estuvo en el Templo de Salomón. Dios anhela hoy en día morar en su iglesia, en su pueblo, en cada uno de nosotros.

¿En qué punto te encuentras en cuanto a restaurar la presencia de Dios en tu vida?

¿Buscas su presencia aun al costo de morir a ti mismo?

¿Le adoras en tu comunión diaria personal?

¿Le alabas con un corazón limpio y con las motivaciones correctas, para no llevar su presencia como Uza?

¿Derramas tu corazón y tu vida misma en su presencia, anhelando tener comunión con Él?

David entraba todos los días ante la presencia de Dios, en una humilde tienda que preparó para Él.

 ¿Haremos lo mismo tú y yo?