Dormir es gratis, lo que cuesta y además es muy caro… es despertarse. Así que, el día de hoy decidí salir de mi cómoda y caliente cama para ejercitarme: un poco de zumba, unos k’s de caminata pero a mitad de la jornada quería tirar la toalla y acostarme en medio del pasto… ¡Que nadie me diga nada! Pues qué difícil que es continuar, pero aún así algo dentro de mí me ordenaba seguir corriendo, seguir en pie, seguir esforzándome. Es cierto, no es fácil y a estas alturas del año, los que empezaron con todo el ímpetu han perdido las ganas… las pilas se les ha ido bajando.
Gálatas 5:7 nos dice “Ustedes corrían muy bien la carrera. ¿Quién les impidió seguir La Verdad?” 

 

Yo te pregunto, ¿Después de todo lo que has hecho, ahora vas a abandonar la carrera? Debemos automotivarnos y creer que no estamos solos en esta vida pues hay alguien que tenemos dentro de nosotros que nos entrena a lo largo del camino… y no hablo de ningún amigo imaginario ni del karma, sino de Dios.

Todos, en el día a día, tenemos que pelear contra la batalla del desánimo. Nuestros sueños no siempre se cumplen según nuestro calendario y es peor aún, cuando vemos que los días se nos siguen pasando de las manos; ya que es fácil perder el entusiasmo. Por ello, es bueno tener un entrenador que nos anime a seguir corriendo.

El 13 de octubre de 2007, en el Campeonato Mundial celebrado en Kailua-Kona – Hawai, Scott Rigsby se convirtió en el primer amputado de ambas piernas que terminó el Triatlón Ironman. Pero él no siempre aspiró convertirse en un atleta de talla mundial, sino que alguien le dijo: “Dios tiene un plan con tu vida, tienes que seguir adelante”.

Cuando yo estaba en el colegio entrenaba atletismo y en plena carrera caí. Mi entrenador no era mi fan… Es decir, yo no era una de sus favoritas y sus palabras, en vez de levantarme del polvoriento suelo, hacían que quisiera enterrarme e incinerarme. Pero en esta oportunidad, he hecho un contrato de por vida con el mejor entrenador del mundo, con Aquel que cuando me resbalo manda ángeles alrededor mío para que mi pie no tropiece con piedra y… ¡vaya que si me caigo rudo! (Mateo 4:6)

Mi entrenador es Aquel que cuando el aire me falta para seguir, viene trayendo una botella de agua viva para revitalizarme.

Mi entrenador no cobra, siempre está dispuesto a ayudarme a seguir corriendo, a empujarme cuando las fuerzas faltan.
Mi entrenador es un ganador y entrena solo para ganar.

 

1 Corintios 9:24 “¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero solo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar!”

Ese es su lema: “Corre para ganar en esta vida, no vivas por existir simplemente, ni te consumas el H2O de los demás. Vive con una meta, con un objetivo por cumplir, no te conformes con el lugar en el que estás ni con lo que ya has alcanzado. Muy por el contrario, vive por la causa por la que fuiste creado, ve por más de lo que Dios tiene para ti, corre por tus promesas, corre por tus sueños y si te cansas a mitad del camino,  recuerda que no fuiste programado para perder sino para ganar.

Pablo le decía a los Filipenses 3:14 “Avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús”

En Munich, en 1972, en la carrera de los diez mil metros, el sueco Lasse Viren rodó por el suelo. El resto de los competidores le quitaron cincuenta metros de ventaja, pero él se reincorporó y pidió una segunda oportunidad. Así que, siguió corriendo como nunca y alcanzó a sus rivales. Llegó primero a la meta y batió el récord mundial: 27 minutos con 38 segundos.

 

No puedes dejarte intimidar por el rival que tengas al costado, aunque sea el mismísimo presidente. Y si no me crees, cuando vayas al cielo, pregúntale a Moisés. Dile que te cuente acerca del Faraón y de cómo Dios mismo lo ayudó a seguir corriendo mejor que con zapatillas Nike, pues abrió el mar ante sus ojos.

Hoy  toma un respiro profundo, sigue corriendo por tu premio, sigue creyendo en tu bendición, sigue esforzándote porque nada de lo que hacemos en este mundo es en vano.

 

“Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante” Hebreos 12:1

Dios no ha permitido que hayas corrido tanto para dejarte a mitad del camino. Es tiempo de correr con fe, solo así llenarás tu corazón para terminar la carrera en victoria. Todavía hay mucho camino por correr, no te canses en lo mejor del quemagrasa. Así que, toma aire y sigue porque Dios te abrirá camino para llegar a la meta.
A sus marcas, listos… ¡ya!

 

¡Ve por tu premio!

WENDDY
www.iwenddy.com

 

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